domingo, 6 de noviembre de 2011

¿PARA QUÉ SIRVE EL LATÍN? Y, ¿EL GRIEGO? (2)

   Despierta, mi dulce Talía, llegado es el momento de deslumbrarnos a los mortales con tu glauco mirar. Sí, mi vieja amiga, te sé cansada ante la indiferencia, que raya el menosprecio, de los más de los moldeados por Prometeo ante ti y tus hermanas. Te conozco harta, y con razón, de que casi todos piensen que Talía es una cantante, cuya fama borrará el viento en uno de tus suspiros, en vez de ser tú, Musa. Pero, ¿qué les vamos a hacer si renacimos de las piedras que Deucalión y Pirra, esa venerable pareja de ancianos, arrojaron a sus espaldas, tras ahogar Zeus con su diluvio a la perniciosa raza humana? De piedra siguen teniendo algunos, los no tocados por el pathos que surge cuando se descubre LO CLÁSICO, no sólo el alma, sino también las entendederas.
   Ea, mi entrañable amiga, aleja las telarañas de Morfeo de tu rostro enjuagándote en esta jofaína, cuyas aguas no serán las de tu suspirado Parnaso, pero sábelas dignas de tu divinidad. Así me gusta más: tu sonrisa picaruela, eterna, tus ojos chispeantes, traviesos. Esa es mi Talía, mi dilecta dama de la Comedia.



   Canta a través de mí, Musa, el para qué sirve el Latín, lo que el griego, sagrada lengua con la que los dioses os comunicáis, Despoina, aporta a los mortales, a pesar de que ellos, criaturas efímeras, ni lo sepan ni, para su mal, lo agradezcan.
   Ilumina, Musa, a este mísero vástago de Prometeo a fin de que pueda hacer ver a sus hijos, Aris y Edu, a sus pupilos y a aquellos, cuyas venas desaguan en el  Egeo, al que los nacidos de Marte llamaron Mare Nostrum, que lo Clásico, lo Greco-Latino es por méritos propios el Alma Mater de nuestra Esencia.
   Pues sí, hijos míos, el otro día intentaba demostraros que Todos somos, aún hoy, Grecia y Roma, pese a quien pese. Pues Grecia nos enseñó a cuestionarnos el porqué de las cosas, a preguntarnos por nosotros y por las cosas que nos rodean, dando a luz a la Filosofía. La Filosofía, otra disciplina que per se "no vale" para nada, que "no sirve" para cosa alguna, pues con ella ni vais a ganar dinero ni os van a llamar de "La Noria" ni del "Sálvame de luxe"... Afortunados vosotros, los que pénsáis, los que tenéis neuronas útiles, hijos, pues nunca seréis carroña televisiva.
   La Filosofía, esa ciencia deliciosamente inútil, que, en palabras de Aristóteles, otro griego clásico, no está al servicio de nadie ni de nada, pues lo que nos entrega es el saber por el saber, ya que es el conocimeineto más valioso del ser humano, puesto que es un fin por sí mismo. Ya lo decía Platón, el de anchas espaldas, otro griego: "Una vida que no se piensa, no vale la pena vivirla". Sí, niños, fueron los helenos, sobre todo los de Atenas, quienes nos enseñaron a pensar, a amar la Sabiduría por encima de todo. Y ahí tenéis, si no, a Platón, a Aristóteles, a Sócrates, a Pitágoras, a Heráclito, ... Os recomiendo una cosa: id, si los dioses así os lo conceden, a Roma, visitad las Estancias de los Papas en los Palacios Vaticanos, buscad las que pintara el inmortal Rafael, otro greco-romano que vivió en el Renacimiento Italiano, encontrad el fresco llamado "La Escuela de Atenas" y localizad en él a los filósofos más famosos de la Grecia Antigua, intentando poner cara a cada uno de los que allí se representan y disfrutando al reconocerlos y saber qué nos están indicando.

"La escuela de Atenas", Rafael, Estancias Papales, Palacios Vaticanos


   Fue mi amado amigo Juan de Dios, profesor de Filosofía enamorado de su profesión, quien me alumbró en todo lo que os he contado y quien me descubrió que el mencionado Platón, el más aventajado discípulo de Sócrates, en su Libro II de "La República" nos cuenta la historia del Anillo de Giges. Narra la historia de Giges, un pastor que tras una tormenta y un terremoto encontró, en el fondo de un abismo, un caballo de bronce con un cuerpo sin vida en su interior. Este cuerpo tenía un anillo de oro y el pastor decidió quedarse con él. Lo que no sabía Giges es que era un anillo mágico, que cuando le daba la vuelta, le volvía invisible. En cuanto hubo comprobado estas propiedades del anillo, Giges lo usó para seducir a la reina y, con ayuda del ella, matar al rey, para apoderarse de su reino.
   Glaucón (hermano de Platón) hace referencia a esta leyenda para ejemplificar su teoría de que todas las personas por naturaleza son injustas. Sólo son justas por miedo al castigo de la ley o por obtener algún beneficio por ese buen comportamiento. Si fuéramos "invisibles " a la ley como Giges con el anillo, seríamos injustos por nuestra naturaleza.
   Este mito ha tenido gran influencia en la filosofía, ya que da a entender que el ser humano hace el bien hasta que puede hacer el mal cuando «se hace invisible». 
   Ahí os va. ¿Sabéis, ahora, en quién se inspiró vuestro admirado Tolkien para idear su fastuosa saga de "El Señor de los Anillos"? Pues sí, chicos, el manantial del que bebió Tolkien para su historia del anillo mágico encontrado por Bilbo Bolsón, que tantas penurias acarreó a la Tierra Media, fue ni más ni menos que Platón, un griego que vivía en griego clásico. Y por eso, además de otras muchas cosas más, vale la pena saber heleno: para poder leer a Platón y a Heródoto, el padre de la historiografía actual junto a su heredero Tucídides, que también nos habla de este Giges.
   Cuando aquellos que se declaran científicos, furibundos talibanes de los números y de las fórmulas matemático-físicas, despotrican de nuestras materias y de las Humanidades en general, me dan pena. Son, aparte de mentecatos e ignorantes, unos desagradecidos: olvidan que Euclides, matemático y geómetra que vivió en Alejandría entre los siglos IV y III a. C., es el padre de la Geometría moderna y que en griego escribió sus axiomas.   La geometría de Euclides, además de ser un poderoso instrumento de razonamiento deductivo, ha sido extremadamente útil en muchos campos del conocimiento; por ejemplo, en la física, la astronomía, la química y diversas ingenierías. Desde luego, es muy útil en las matemáticas. Inspirados por la armonía de la presentación de Euclides, en el siglo II se formuló la teoría ptolemaica del Universo, según la cual la Tierra es el centro del Universo, y los planetas, la Luna y el Sol dan vueltas a su alrededor en líneas perfectas, o sea circunferencias y combinaciones de circunferencias.
   Estos palurdos "de ciencias" que reniegan de la Herencia Clásica olvidan, o lo que es peor: ignoran, el débito que tienen sus disciplinas con Pitágoras (y sus catetos e hipotenusa), con Tales de Mileto, con Arquímedes, ..., pues sólo así se explica su osadía al despotriscar contra sus padres.
   Y, ¿de la medicina qué os puedo decir? A poco que os fijéis descubriréis una pervivencia latente del léxico griego, en primer lugar, en las disciplinas sanitarias. Así, sólo con saber que "-itis" en la lengua de Homero significa "inflamación o infección", podréis descubrir, usando de nuevo nuestra lengua, lo que significa Otitis, Laringitis, sinusitis,... Mirad, si no existiera nuestra lengua madre, yo, que cojeo un poco del lado izquierdo, no padecería una "Aquileitis", sino un hinchazón en el zancarrón. Átate los machos: suena mucho más fino lo de Aquileitis, ¿no? Por cierto, a ver si descubrís por qué se llama así esta dolencia, consistente en la inflamación del tendón de... ¿quién?
   Y todo porque Hipócrates, otro clásico, sentó en griego los cimientos de la medicina moderna.
  
   El otro día os dije que durante los siglos oscuros, en pleno corazón de la Edad Media, el griego, fundamentalmente, pero también el latín se habían olvidado, menoscabado hasta que un grupo de artistas e intelectuales, en la floreciente Italia del siglo XV, volvió a redescubrir el mundo clásico, produciéndose así el bienhadado Renacimiento, que no era ni más ni menos que la vuelta a la luz de todo lo que Grecia y Roma aportaron al ser humano. Así sin Apolodoro de Damasco, quien a instancias del emperador Adriano reconstruyó el Panteón de Agripa, Bruneleschi no hubiera podido rematar la cúpula de Santa María del Fiore, en Florencia, y sin ellos, el inmortal Miguel Ángel no hubiera podido cerrar la inmensa cúpula sobre el altar mayor de San Pedro en el Vaticano.       
     El panteón "diseño angélico y no humano", según Miguel Ángel.                      Y por ir rematando, ¿no deberíamos estar eternamente agradecidos a los hijos del Egeo por habernos regalado sus historias, sus mitos? ¿Hay algún jardín más frondoso, más tupido, más aromático que el sembrado por los mitos clásicos? ¿Qué sería de nuestras vidas sin los dioses del Olimpo, sin sus héroes y heroínas? Los dos conocéis a Irene, que te subyuga con su mirada bicolor, y sabéis que noche tras noche le reclama desde chiquitina a su madre que le cuente un mito: no imagino nana más dulce que dormirse arrullado por la voz de Charo, mientras de su boca toman vida Orfeos y Eurídices.
"El más bello recuerdo de la antigüedad romana es sin lugar a dudas el Panteón. Este templo ha sufrido tan poco, que aparenta estar igual que en la época de los romanos." en palabras de Stendhal.
   En efecto, gracias, Grecia, por regalarnos la Filosofía, el Teatro, la Historiografía, los fundamentos de la Medicina, tu Arte,... tus Mitos.
   Y de Roma, del Latín y su pervivencia en el mundo actual podría empezar y no terminar. Básteos saber, chicos, que los días de la semana están consagrados todos a un dios romano (Lunes es el Lunae Dies, el día de la luna; Martes está dedicado a Marte,...), que los meses del año toman también su nombre de la lengua del Lacio, que latinos son los nombres de los signos del zodiaco, que en la tabla periódica de los químicos, sí, muchos elementos proceden de su nombre latino (Fe. de ferrum, Aur. de aurum,...).

   Mirad, hijos, el problema que tenemos es que vivimos en una sociedad regida por un materialismo galopante y mandada por unos petimetres analfabetos (pues desconocen los rudimentos del alfabeto griego), que odian todo lo clásico por ignorancia, por mezquindad, por ineptitud y por cortedad de miras. Pero también por vergüenza, sí. Temen que les demos lecciones de democracia invocando las figuras de Arístides el Justo, de Temístocles, de Pericles, de Solón,... Tiemblan al pensar que les mencionemos la rectitud e integridad de personajes como Catón el Censor   y de Cincinato, un romano de noble origen que abandonó el arado para salvar a su ciudad haciéndose con el mando absoluto y, que al conjurar el peligro, renunció a su poder y regresó a sus campos.


    ¿Os imagináis a algún Zapatero, Rajoy, Aznar, Rubalcaba, Camps o Chaves haciendo lo mismo que Cincinato? Francamente, no, ni por asomo.
   Sí, hijos, por esto y por tantas cosas más les somos incómodos a los poderosos los de Clásicas y hacen todo lo posible por anularlos y engañar a la sociedad con la patraña de que somos unos inútiles, a fin de acallarnos y que no pongamos en evidencia su supina ignorancia, su ineptitud, su mediocridad, pues por saber no se saben ni la prinera declinación.
   Es de nuevo mi Magister Raimundus, satyrus libens, quien me ha dado el argumento definitivo para convencer a la Humanidad de la necesidad de aprender Latín (y su madre-hermana el Griego). Hasta 1963, cuando el Concilio Vaticano II, el latín era la lengua oficial de la iglesia y todas las misas se daban en esta lengua. Aún hoy en día el Latín sigue siendo la lengua del Vaticano y del catolicismo. Así pues, se supone que en el Cielo, paraíso de los católicos, el idioma oficial será, precisamente, el Latín.
   Ya sabéis que yo soy muy pagano y que, a mi muerte, me he pedido traslado al Averno, con pase pernocta para visitar en el Parnaso a mis adorados Homero, Horacio, Plauto y Aristófanes; pero los que sean católicos y sepan latín tienen un cargo asegurado en el Cielo. Es verdad, Raimundo, sólo con aprenderse cuatro conjugaciones y cinco declinaciones seguro que los contratan como Funcionarios Celestiales, con mesa propia a la derecha de Dios. Los que se sepan, además, los verbos irregulares, los valores del cum y del ut, a ellos seguro que los contratan de Directores Generales de alguna sección. Y los que a todo lo anterior sumen el saberse los usos y valores de los infinitivos y participios, de ésos serán  los Ministerios, Archicofradías y demás prebendas.
   Ay, entonces llegará nuestra hora. Los mediocres politicastros que ahora nos rigen, sanguijuelas ignorantes del latín y del griego, irán al Cielo, sí. Pero como no saben ni latín ni griego, currarán toda la eternidad como vuestros subalternos. Así, sir Esperanza Aguirre trabajará en una subcontrata limpiando las letrinas angelicales, de interina a tiempo parcial. A Zapatero lo pondréis de herrador de burros, mulos y otras acémilas. Marianico Rajoy besará vuestros pies y se quitará la gorra de plato cada vez que os traiga el café mañanero. El inefable Valcárcel lidiará con Pegasos y otros sementales como mamporrero de la yeguada de los arcángeles. Rubalcaba, de botones Sacarino; Camps, de encargado del guardarropa; Chaves, de palmero; Artur Mas, de bailaora flamenca; la Cospedal, de modistilla tijerera; Carod Rovira, el Niño los Mostachos, de torero; ... Dioses, qué beatitud, qué alborozo entonces, cuando la Justicia divina ponga a cada uno en su lugar.
   Amén.


jueves, 29 de septiembre de 2011

¿PARA QUÉ SIRVE EL LATÍN? Y, ¿EL GRIEGO? ( I )

   Llevo 21 años dando clases de Latín en institutos públicos, que los hay y tan buenos o más que algunos concertados o privados, manque les pese a Sir Esperanza Aguirre y a los de su alcurnia. 21 años respondiendo siempre a la misma pregunta, formulada por algún alumno resabiado o con ganas de hacerse notar ante lo que él cree su gallinero: "Maestro, ¿para qué sirve el Latín?".

   En mis años mozos, cuando enseñaba en aquellas añoradas tierras gallegas lamidas por el Cantábrico, les respondía siempre a sus impertinencias con la misma frase: "Para que un necio como tú me haga una pregunta tan estulta como la tuya". Ante la cara de pasmados que me ponían los susodichos, les traducía a su idioma román paladín: "Para que un gilip... como tú, me haga una...". No me dejaban terminar la traducción y, encima, se mostraban airados. Yo sólo pretendía demostrarles que, con el latín, se podía insultar a uno sin ofenderlo. No sé, tal vez y sólo tal vez, tenían razón cuando insinuaban que, por entonces yo era algo "cabrito", por mucho en que les insistiera en que no me quitaran años, pues ya no estaba para diminutivos.

Foto del bloguero en los años 90, afectado por una insolación en los lares cantábricos

   Pasaron los años, se avinagró menos mi carácter, pero seguían preguntándome la misma cantinela al comienzo de cada curso. Yo, que siempre he sido de buen yantar y mejor libar, y a quien los dioses  han honrado con un cuerpo de buen ver, "Opimus" me llamaban algunos, les respondía: "El Latín sirve para darme de comer a mí y, como ves, estoy de buen año. Así que arreando...".


El autor haciendo el toro (o el buey, según se mire) en visión del inefable Magister Raimundus

   Recuerdo con ternura a un zascandil onubense, un pedazo de carne con ojos, más alto que un armario, que, vago como él solo, clase tras clase, con tal de perder minutos, me espetaba: "Maestro, ¿pa qué sirve er latín, si no me voy a meter a cura?". Hasta que un día le bufé : "QVOSQVE TANDEM, LUDOVICE, ABUTERE POLIMINIBUS MEIS?". ¡Pobre! No llegó a terminar el BUP y cada vez que me cruzo con él, cuando conduce un autobús urbano en Huelva, saca sus dos metros por la ventana, da un tremendo bocinazo y me grita: "o FVERE", que es lo único que recuerda de cuando cantábamos en clase el pretérito perfecto del verbo SVM.
   Y ahora aquí me hallo, a una milla de Murcia, en lo que no ha mucho era huerta, a comienzos de curso y, sea en 4º de la ESO sea en 1º de Bachillerato, siempre hay algún zagal que me lo pregunta. Fue a comienzos del pasado verano, cuando, tras regresar de una de esas noches al borde del mar que tanto gustaban a Kavafis, mi hermano de alma Juan de Dios, profesor de Filosofía en mi antiguo centro de Alhama de Murcia, me hizo ver la luz. "Yo siempre les digo a mis alumnos que la Filosofía no sirve para nada. Que ya está bien de que estudien cosas que sirven para algo, que me sigan, que se dejen llevar por mí en nuestro recorrido por los laberintos de la filosofía y que, al final de curso, mediten si son los mismos que eran al comenzar".
   Y tiene razón Juande: el latín no sirve para nada, como la música, pero, para mí, una vida que no estuviera acompañada en todo momento por la música y, ¿por qué no?, por el latín no sería vida.
   Soy padre de dos niños, Aris y Edu. El mayor cursa ahora 3º de la ESO y, si sigue lo apuntado hasta el momento, me temo que va coger Latín en 4º, si no aparece ningún chiquilicuatre profesor que lo espante. Me tocará entonces responderle a él para qué sirve el Latín y, me parece, no puedo soltarle las borderías de antaño, más que nada por miedo a los improperios que me puede lanzar su madre. Y 6 años después habré de hacer lo mismo con su hermano.
   Mirad, hijos, desde el punto de vista de la sociedad materialista en la que vivimos, es verdad que el latín no sirve para nada, que no se habla en ningún sitio corrientemente, que no os vais a hacer ricos con él ni os van a llamar para la nueva edición de "Gran Hermano" y, encima,  os van a mirar raro si decís que estudiáis latín. ¿Cómo explicaros el hormigueo, las "fuertes emociones" que siente uno al desentrañar y traducir un texto griego o latino? Es algo semejante al placer por el trabajo bien hecho, por la belleza de su acción que experimentan los forenses que realizan la autopsia a un cadáver para hallar la causa de su muerte y atrapar al asesino. Sí, esos forenses que están tan de moda en las series televisivas como "C. S. I. " o "Bones" y que tanto gustan a vuestros compañeros de clase. Pues bien, los traductores somos los forenses de lo que los grandes maestros de la Antigüedad dejaron escrito. Y disfrutamos tanto metiendo el bisturí en sus frases, en sus expresiones, en sus palabras y vertiendo éstas a nuestra lengua materna, que deseamos compartir este don con nuestros alumnos, aunque ni éstos ni el resto de la sociedad esté aún preparada para valorar este regalo.
   Mirad, chicos, durante gran parte de la Edad Media el griego desapareció de la Europa occidental y se olvidó casi por completo, ignorándose cómo se leía inclusive. Gracias a la impagable labor silenciosa de algunos monasterios y de las escuelas de traductores de los reinos islámicos, se pudieron copiar muchos manuscritos y transmitir de generación en generación, pero en ese largo camino se perdieron para siempre jamás miles de obras. Pensad que en esta época se hablaba un latín macarrónico, gracias a que era la lengua de la iglesia, pero se despreciaba todo lo griego e incluso lo latino que no fuera religioso. No podemos permitir que se vuelva a repetir ese error y que el Latín y el Griego caigan de nuevo en el olvido, pues pasaría como el idioma de los íberos, que pueden leerlo, pero nadie sabe lo que dice porque son incapaces de traducirlo y comprenderlo, hoy por hoy. Los clásicos somos, entonces, también los transmisores, los guardianes de nuestras lenguas y culturas.



   Sabed que sin saberlo, sin darnos cuenta siquiera somos Grecia. Somos Roma. Todos. Grecia hizo posible que en ella viera la luz, en la remota isla de Quíos, un aedo, un cantor y poeta ambulante ciego, Homero. Sí, habéis leído bien: un ciego que vio la luz, un ciego que alumbró unas de las historias más maravillosas jamás cantadas, auxiliado, como él mismo reconoce con una humildad que le hace aún más grande, por su Musa, de la que se declara mero intermediario, mero transmisor de su canto. Pensad que fue capaz de componer, memorizar y cantar unos 24000 versos, preñados de historias de guerra, sí, pero también de amor, de aventuras, de monstruos, de humor, de amistad, de Humanidad, al fin y al cabo. Todo está en "La Ilíada", en "La Odisea". Dejaos seducir por ellas, tomaos el tiempo que necesitéis y comprenderéis cómo un ciego pudo ver la luz. ¿Sabéis que Homero compuso sus obras en el siglo VIII a. C. y que hasta casi 500 años después no fueron recopiladas y puestas por escrito por los eruditos de Alejandría? O sea, que durante casi cinco siglos se transmitieron por vía oral, porque otros aedos, transidos por la veneración a su Maestro, se encargaron de memorizarlos y divulgarlos, cantándolos por plazas y mercados, por palacios y villorrios. Y, cuando esos aedos morían, otros tomaban el relevo y así, cosa maravillosa, llegaron sus versos a todos los confines del Mediterráneo, fecundando las almas de las personas sensibles e inquietas.
   Por cierto, Juande me contaba esta tarde, al amor de unas cervezas, que según una tradición espúrea Homero murió por vergüenza de no ser ya tan sabio, al no poder solucionar un acertijo que le plantearon en una aldea remota. ¡Él, que había inventado memorizado y cantado los dos poemas épicos por excelencia, se dejó morir por temor a estar volviéndose un ignorante con la vejez! Por cierto, el acertijo que le plantearon era "¿Cuál es el único animal que tiene las patas en la cabeza?". Ahí os lo dejo.
   Parece un argumento de una película de Indiana Jones, que tanto os divierten, pero no lo es: en el siglo XIX un joven comerciante alemán, de nombre Heinrich Schliemann, impulsado por su fe ciega en que lo que contaba Homero no podía ser una ficción, una leyenda y usando "La Odisea" como guía descubrió la ciudad de Troya, en Turquía, y que ésta había sido destruida por pueblos aqueos en torno al 1150 a. C., tal y como fabulaba el de Quíos. Y no sólo eso, también sacó a la luz la ciudad de Micenas y la que él consideró la tumba de Agamenón, rey de reyes.
   Grecia, madre amantísima, nos dio el estudio de la Historia tal y como hoy la conocemos, pues de ella mamaron Heródoto y Tucídides, padres de la historiografía. En Atenas, una simple capital de una insignificante península, la del Ática, se alumbró, como homenaje sagrado al dios Dioniso, el teatro. ¡El teatro! ¡Lo que se mira! Ni más ni menos: sin él, sin el teatro no existirían ni el cine, ni la televisión. Aún hoy gente de la más diversa condición, pero con alma en las venas, se emociona con las historias pergeñadas por Esquilo, Sófocles y Eurípides y se parte de risa con los disparates escritos por Aristófanes ¡2500 años atrás! Esperad a que vuestra alma esté en sazón, a que vuestras emociones se hallen maduras y leed "Edipo Rey", "Antígona", "Medea", "Lisístrata"... Entonces comprenderéis por qué ellos son / somos Grecia.
   Pensad en ello y otro día seguimos hablando de para qué sirve el latín, el griego. Morfeo me llama y mi musa está ya muy viejita, harta de tanto olvido y desprecio y necesita descansar.
   Sueños de oro, Aris, Edu y tú,  mi entrañable Talía.

lunes, 13 de junio de 2011

LO QUE TIENE SABER LATÍN... Y GRIEGO

   En mi pueblo serrano, acariciado por el padre Thader aún rebosante de vida, no teníamos. Así que los maromos necesitados de entonces debían desplazarse unos 36 kilómetros para ir a la "casa putas" más cercana. Se llamaba VENUS. Fue la primera vez que, a principios de los 80, entré en contacto con el mundo clásico, si escuchaba, siempre sottovoce y cuasi clandestinamente, tal nombre, al señalar a algún vecino como "presunto" usuario del Venus. Por eso, cuando nuestro Magister Raimundo nos hablaba en sus clases de Latín de las andanzas de la casquivana olímpica, todos esbozábamos una sonrisa de compromiso y seguro que más de uno, cuando comentaba en su casa lo aprendido en el aula, recibía de su atribulada madre frases como "Ya decía yo que con las barbas que lleva tan desgreñás y las gafas de empollón que monta el segismundo ese, ése no se comía una rosca. Así que, ¿ánde iba a ir? Al Venus. Esto en tiempos de Franco no pasaba: uno que sabe latín, que ha estado, incluso, en el Seminario yéndose de fulanas al Venus. Nene, tú, pa ciencias, que mira cómo acaban los de letras". Desde entonces he conocido, no en el sentido bíblico y que cada cual piense lo que quiera, otros tantos "puticlubs", en diferentes sitios de la geografía española, llamados del mismo modo. Aunque he de decir que también conozco y tengo fotografiados otros negocios, como centros de estética y peluquerías, llamados igual que la hija de los cataplines de Urano.

   Ahora que recuerdo, en mi aldea serrana, a donde me desplazaron con 3 meses y en la que pasé mis primeros nueve años, cobijado por la imponente Peña Rubia, en cuya cima había, y espero que siga habiendo, un poblamiento ibérico-romano. En esta aldea, digo, vivía una pobre criatura, retornada de la Costa Blanca a donde había emigrado, como otros tantos cientos, en busca de trabajo, a la que las biliosas lenguas tachaban de ligera de cascos y algo abierta de piernas y motejaban como "La Loba". Fueron muchos los años que transcurrieron hasta saber que a las rameras romanas de más baja estofa las llamaban lupae, o sea, "lobas" y que en el mito de la Lupa Capitolina y sus gemelos Rómulo y Remo  había, tal vez, zorra escondida. Por eso, quién sabe si como homenaje a aquella desgraciada, a la que hacían el vacío, incluso en misas y entierros, pues nadie se sentaba en su banco, puse de nombre LVPA a una dicharachera meretriz de mi togata "Caligae Magnificus", una farsa ambientada en el teatro plautino.
   Ahora llevo ya más de 20 años compartiendo con mis alumnos y algún que otro compañero y despistado la pasión por el mundo clásico e intento hacerles ver que, lejos de estar muertos, aún estamos muy vivos y coleando en muchos más aspectos de su vida cotidiana de los que imaginan. Así, entre otras actividades, les encomiendo que cámara en mano recorran las calles y supermercados de su ciudad y capten toda presencia del griego o del latín en su entorno: en la publicidad, en las ciencias naturales, en la química, en la música, etc. Tanto en Galicia, como en Huelva y la Región de Murcia mis alumnos me han hecho trabajos estupendos, creativos, documentados e ingeniosos, en los que eran cientos los ejemplos de productos que llevaban palabras como ultra, plus, bio en su etiquetado; decenas de marcas de vino llevan un nombre latino o griego para darle más solera al producto; nuevos coches salen al mercado con nombre clásico; etc. Por ello, desde hace meses, con mi hospes comesque de glauco mirar, nos dedicamos a fotografiar todo cartel que tenga reminiscencias grecolatinas. Y llevamos ya un buen capazo, como dirían en estos lares.
   Hace cosa de unos pocos meses que nos sorprendió un gran cartelón, negro con letras y figuras en blanco, situado en una valla junto a la autopista de entrada a la ciudad, anunciando un prostíbulo de nombre "NEREÍDAS". Ipsofacto me vinieron a la mente recuerdos de mi mojigata adolescencia y pensamientos un poco derrotistas de "a dónde hemos llegado los clásicos, que sólo se acuerdan de nosotros para ponerles nombres a las casas de perdición". Pero, la verdad es que pronto se me pasaron tan grises pensamientos, siendo sustituidos por aquellos de que hablen de nosotros aunque sea mal. Y, ¡qué lémures!, no está tan mal el nombre: Nereidas... Si hasta suena bien y le da cierto glamour al local. Pongo a mi patrona Atenea por testigo de que llevado sólo por mi curiosidad filológica y mitológica tenía pensado acudir allá para comprobar sólo si la fermosura de las doncellas coincidía con las de las hijas de Nereo, pero como que no coló...
   Mas la cosa no quedó ahí: al poco tiempo apareció otro cartelón semejante, por lo que deduzco que perteneciente a una empresa regentada por los mismos lenones, pero anunciando ahora "APOLOS, hombres como siempre soñaste". Parece ser que se anuncia una prostitución de tipo masculina para hombres, creo. Uf, yo me pregunto que, si según la mitología a Apolo sólo se le conocen dos aventuras con varones, con Jacinto y con Cipariso, y más de una decena con el sexo femenino, llamar así a este tipo de locales... Esperemos que no llegue al Parnaso tal rumor, pues sabiendo cómo se las gasta el de Leto...
   La inventiva de los mismos lenones, estudiantes otrora de alguna de nuestras materias, sin duda, no quedó ahí: el último de sus negocios, anunciado a diario a gran tamaño en los dos diarios locales junto a los otros, se llama "AFRODITAS, las travestis de tus fantasías..."  Paso por aceptar el nombre Afroditas como buen ejemplo de pervivencia de grecolatino en nuestro entorno, pero por lo que no paso es por lo de unir dicho nombre a eso de "las travestis de tus fantasías..." ¡Y, encima, con puntos suspensivos!


   Porque seamos serios, carissimi collegae: imaginemos lo que le podría pasar a un esforzado, probo y afanado conmilitón nuestro que acudiera a nuestra ciudad a uno de los interesantes y apasionantes congresos organizados por nuestros próceres universitarios. Pongamos, por caso, que el susodicho compañero ha asistido a tres fascinantes disertaciones sobre los aoristos sigmáticos en Teofrasto, la métrica en los fragmentos de las comedias de Frínico y los arcaísmos salustianos. Hechido por tanta sapiencia, tras una frugal cena, en la que aguó como es lícito el vino puro con gaseosa, y declamando en su alma los yambos de Arquíloco, hojea la prensa local y encuentra el susodicho anuncio. Como nos pasa a los despistados, no lee la letra pequeña y, tal vez impulsado por los versos de Catulo que acaba de traducir sólo para sí en la clandestinidad de su cuarto, mientras su mamma sesteaba, sobre todo empujado por aquel destinado a la dulce Ipsitilla, la de los nueve seguidos, decide darse un merecido homenaje y dónde mejor que en un lugar con reminiscencias greco-romanas.
   Poco imaginativo hay que ser para adivinar que el entuerto acaba con nuestro íntegro compañero en comisaría y que allá se podría producir este diálogo.

- Muy buenas noches, señor representante de la ley y el orden en nuestra comunidad.
- A las buenas noches, usted dirá.
-Pues mire, según reza Terencio, "Homo sum, humani nihil a me alienum puto"...
- Oiga, no le consiento insultos, está hablando con un representante de la ley.
- ¡Cañizares, no seas cenutrio, no ves que es guiri!- media el subinspector de guardia- Sorry, sir, but we don´t speak English.
- Verá, oficial, pues resulta que vi en la prensa local un lupanar llamado Afrodita, que como vuecencia sabrá nació de la emasculación de Urano, vulgo...
- Pardón, ma je ne parle pás francaise... A ver, Cañizares, avisa a Gutiérrez, que estudió para cura y seguro que sabe idiomas, proque yo no comprendo al gachó éste.
- Es verdad, subinspector: Gutiérrez sabe latín, que se dejó la sotana en cuanto vio un buen par de mamellas.


   Entra el tal Gutiérrez, mirada huraña y cara arratonada y cala enseguida a nuestro colega, pues por algo sabe latín.


- Ave María Purísima.
-Sine labe concepta.
- ¿De qué te acusas, fili? 
- De nada, pater, de un pecadillo sin importancia. Cosas del sexto, ya sabe.
- Peccata minuta, fili, caro est fragilis.
- Pues sí, pero no es eso, verá: mire este anuncio, el de Afroditas. Usted, paternidad, si va a un lugar como éste...
- Tu quoque, fili.
- No se me ofenda usted, que yo no soy de esos que van por ahí difamando a la santa Madre: sólo escucho la COPE y me informo a través de Intereconomía. Es un suponer, un caso empírico, sólo. Prosigo: si uno acude a un sitio llamado Afroditas, lo que espera es encontrar a una meretriz, en algo semejante a la uránida, como ésta.
- ¿Me equivoco, pater?
- No, hijo, no, es lo que yo esperaría, prosigue.
- Mejor, soy más claro y conciso y prosigo con un ejemplo práctico. Disculpe, pero no puedo esconder mi vena didáctica. A ver, Vanessa, ¿puedes acercarte a la mesa?
- ¡Guau, vaya delanteras! ¡Hay que ver cómo se las gasta el chichipán éste! ¡Con la cara de pasmao que lleva!
- Este sabe latín: vaya hembra.
-Señores agentes, un poco de respeto a la dama. A ver, Vanessa, puedes enseñarle a estos señores por qué te llamaban antes Manolito.
- ¡Virgen del amor Hermoso!
-Esto en tiempos de Aznar no pasaba.
-La culpa de Zapatero, como siempre.
- Rehostias, ni el Nacho ése.
- A éste le han dado garañón por zorra.
- ¡Ahí quería llegar yo! Quiero denunciar al lenón de este lupanar, pues a su local no debía llamarlo Afrodita, como todo buen amante de las clásicas puede corroborar, sino, en todo caso, Hermafrodita, que como su nombre indica es hijo de...




   Bien, corramos un estúpido velo y dejemos a nuestro colega con sus asuntos. Esto es lo que nos puede pasar por saber latín... y griego.
   Un poco más de seriedad, señores alcahuetes, publicistas y jornalistas en general.
   Aunque, no sé, con esto de la crisis y con los recortes que nos ha aplicado el ínclito Zapatero y el tijeretazo del inefable Valcárcel, me estoy yo pensando el montar un negocio de ésos. Estoy pensando un nombre con reminiscencias también clásicas, atractivo y sugerente: DIONI-OSOS.


lunes, 30 de mayo de 2011

MIS ÍTACAS: ALMONASTER LA REAL, SERRANÍA DE HUELVA

Konstantínos Kaváfis.

ÍTACA.


Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

   No lo puedo evitar, lo confieso: habré leído estas líneas decenas de veces, con decenas de estados anímicos totalmente opuestos entre sí, desde la desolación más sañuda que te dejaba el alma en jirones de hueso, hasta el éxtasis cuasi olímpico cuando Marién me hizo escuchar la versión que de este poema hiciera Lluís Llach. Y siempre, siempre me han conmovido estas líneas, susurradas, sin duda, al oído del poeta de Alejandría por la misma musa que se las dictara en voz cantarina al ciego de Quíos. Ay, Homero, mi buen y pobre Homero, dichosa la tierra que te vio hollarla por primera vez, dichoso el sol que te alumbró sin que tú pudieras verlo jamás, dichosas las almas de los que escucharon absortos, en reverencial silencio, los acordes de tu canto, dichosos los que sucumbimos, dulcemente cautivos, ante las imágenes que tus hexámetros avivaban en nuestras mentes adolescentes. Tanto, tanto, tanto entregaste a la humanidad, para que luego haya algunos que incluso osen discutir tu existencia. ¡Cómo se nota que no te han leído a alma abierta! Pobres de ellos que se empantanan en los medios, en la lengua sin llegar a tu fondo.
                                                       W. A. Bouguerau, Homero
   Pues sí, tenía razón Kavafis, tu fiel  lazarillo, al decir que llevamos a Ítaca esculpida en nuestro ser y que lo que ella hace es concedernos la oportunidad de viajar, que lo que importa es el viaje en sí. Por eso nunca, nunca nos defrauda. Porque todos portamos una Ítaca o mil, labrada a cincel, en nuestras venas. Unos, como mi antigua compañera de griego en el Neruda, Margarita, tienen una casa con vistas a la ría de El Portil llamada así; otros poseen un terruño donde emular a Cincinato y sentirse como Catón el Censor; hay quienes llaman así al velero hambriento de céfiros. Otros tenemos a Ítaca en unos ojos que nos miran desde sus doce tonalidades; otros, en el aliento de sus seres amados, bien en su presencia, ya en su ausencia.
   Hay tantas Ítacas como lugares, paisajes o paisanajes que nos emocionan. Por ello, desde éste, mi modesto y humilde púlpito, me gustaría compartir con vosotros algunas de esas Ítacas que he hallado en mi peregrinar, el peregrinar de un viae cupidus, como diría el gran Apuleyo.
   Mi primer lugar en el mundo que quisiera compartir con vosotros se llama Almonaster la Real, un pueblecillo de la serranía onubense. Se llega a él bien desde la Nacional 435, que une Huelva con Badajoz, bien desde la N 433, que conecta Sevilla con Lisboa, Hispalis con Olissipo, ni más ni menos. Si venimos desde Huelva, al poco de dejar atrás la aldea del Patrás, nos encontramos a mano derecha un cruce que indica "Ermita de Santa Eulalia". Son unos siete kilómetros de un firme infamemente "asfaltado", estrecho, sinuoso, mas el via Crucis merece la pena: marchamos por una carreterilla que atraviesa la dehesa serrana, cuajada de alcornoques, encinas, algún castaño y miríadas de flores silvestres. Desde las fincas, convenientemente valladas, nos observan con curiosidad decenas de reses, de tonos rojizos los más, aunque también pasta junto a ellas algún que otro torito bravo azabache. ¡Dioses! Uno parece comprender a Zeus (y, por favor, que no se me cargue, encima el sambenito de zoofílico) cuando convirtió en vaca a Ío y la siguió amando. Miraos en los ojos de esas novillas. Si ya el mismo Homero se dirigía a la despoina Hera como la de ojos de ternera (menos mal que no le dio por llevar un poco más arriba su metáfora y no la motejó como "la de cuernos de novilla", pues, sabiendo como se las gasta la Crónida, seguro que el pobre ciego no hubiera podido ni idear un hexámetro). ¡Cuántas Íos, cuántas adoradoras de Isis y Europa pastan por esas praderas observando con indiferencia al viandante!
   
   Y, entre tanta Ío, alguno de los hechizados por Circe, pero éstos sí, éstos sí que son de pata negra...
   

   Y, cuando ya parece que nos van a salir al encuentro los lestrigones y mentamos los difuntos de quien nos recomendó este lugar, desembocamos al paraje donde los de Almonaster celebran por el mes de mayo la romería a su patrona, Santa Eulalia de Mérida. Apenas una decena de casas escoltan a la ermita. Al principio ésta no sorprende mucho: es bonita..., bueno, sí, con su espadaña y sus pórticos encalados. Corriente, del montón, ¿tanto bache para esto? ¿Los amortiguadores del coche hechos cisco para ver una ermita normalucha, por muy bonico que sea el paraje? Paciencia, lotófagos: buscad vuestra Ítaca. Respirad hondo, pensad en el plato de jamón ibérico y gambas de Huelva que os vais a zampar en unas horas. Y, ahora, bordead la ermita y buscad el ábside. Si lleváis sangre en vuestras venas, si el Egeo baña vuestras arterias, el alma os dará un brinco al percataros que el ábside está edificado aprovechando un colosal mausoleo romano del siglo I ó II de nuestra era. ¿Qué lémures hace semejante monumento funerario, con esos sillares tan perfectos que piden a gritos que los acariciemos en este lugar perdido donde Sileno afinaba el caramillo?
   A unos cuantos kilómetros, allá abajo, por un caminillo bordado de encinas y alcornoques, serpentea el río Odiel y en la otra vertiente, a unas decenas de kilómetros están las Minas de Río Tinto, importantísimo enclave minero para la extracción de hierro y oro en época romana, con una bien surtida colección epigráfica y un interesante museo minero. Pero queda lejos de este paraje, demasiado como para explicar que se levantara en medio de esta dehesa un monumento funerario de este cariz.
   Si podéis, informaos antes en el ayuntamiento de Almonaster e intentad que os dejen las llaves de la ermita. Es una humilde y sencilla maravilla, pudiendo disfrutar de unas pinturas murales tardo-renacencistas justo en las paredes del ábside.
   
  


   Volved ahora a vuestro navío y desandad el camino, con el alma ya sosegada, pues sabéis que Ítaca no sólo os espera sino que os acompaña siempre. Tras unas decenas de kilómetros arribaréis, al fin, a Almonaster la Real, la que pensabais que era la única isla que os aguardaba en vuestra travesía. Seguro que no os decepcionará, pues es pueblo de una belleza cautivadora, de casas encaladas, caserones del XVIII majestuosos con jardines preñados de buganvillas, calles empedradas con cantos rodados, iglesia de portada manuelina recién restaurada, humilladeros barrocos, plazoletas de postal,... Y, allá arriba, en su acrópolis, visible desde todo el contorno, enseñoreando 2 valles, su joya más preciada: el castillo-mezquita que dio nombre a la población.Fue templo fortificado romano, como lo demuestran algunos sillares, fustes, capiteles y un ara funeraria reutilizados para la construcción de la mezquita. Los visigodos construyeron en él un monasterio (Al munastir), tal cual nos lo enseñan algunas columnas, lápidas y el fragmento de la piedra de altar. En el siglo IX los islámicos edificaron allí la mezquita que ahora gozamos, con el mihrab más antiguo de la península. Al llegar los cristianos levantaron un ábside nuevo para poner allí su altar mayor, diferenciado del mihrab.
   Atravesad los muros del castillo, recuperad el resuello tras la subida a esta acrópolis y disfrutadla. Ahí la tenéis, sencilla, pobre, humilde e irregular en su cantería como Ítaca, pero divinamente bella. Buscad el minarete, luego campanario, la plaza de toros anexa ya en el XIX; volveos y gozad de la visión del pueblo que se os ofrece a vuestros pies. Y, ahora, subid y penetrad en vuestra ínsula: buscad el patio de abluciones o sahn, la sala de oración o haram, con sus cinco naves. Abrazad las columnas, diferentes, sencillas todas pero tan deliciosas como el queso de cabra que tanto os gusta. Sentaos y disfrutad escuchando el silencio, disfrutad de vuestra Ítaca tanto como Odiseo lo hizo de la suya. Por algo somos de clásicas, ¿no?





lunes, 23 de mayo de 2011

MAGISTER

   Se llama Raimundo. Raimundo Gómez Blasi, aunque todos lo conozcan como "Blasi" o como "Blasi Parrandbolero", por formar parte del grupo musical "Los Parrandboleros", que agrupan con gusto en su repertorio parrandas y boleros.
   Es profesor de Latín, el mejor que jamás haya tenido, a pesar de que nunca estudió la carrera de Filología Clásica, pues se formó en Geografía e Historia y anduvo por esos pueblos de la Sierra del Segura, dejados de la mano de Júpiter (bueno, lo de dejados de la mano del olímpico se sobreentiende, siempre y cuando que no hubiera por allí una buena y rolliza moza que despertara la lujuria del Crónida. Y alguna hubo, me consta, sí, pues más de un embarazo furtivo aconteció, que el vulgo, en su ignorancia, en su ateísmo atribuía a un tal Penalty, cuando a los iniciados nos constaba que el de los rayos había rondado a la susodicha moza empreñándola).      
    Nacido en Nerpio, donde se cobija en busca de solaz, a mí me enseñó en Elche de la Sierra. Correría el año 1981, cuando en una tarde plomiza de invierno, dando clases tediosas de no recuerdo qué materia de 1º de BUP, nos llegó, del otro lado de la pared del aula prefabricada donde nos adoctrinaban, su voz, grave y melodiosa, declamando a todo pulmón la conjugación del verbo puto putas putare. En nuestros por entonces castos y puritanos oídos, aquello, el escuchar a un profesor diciendo puto y puta en clase, fue el acabóse y todos hicimos corro al finalizar para conocer a semejante sujeto, deseando los más que llegara 2º de BUP para poder dar al fin Latín y corear palabrotas en clase, como habíamos escuchado que hacían sus alumnos con el susodicho puto
   A los dioses gracias y, sobre todo, porque nadie quería irse a aquel instituto comarcal de donde Dionisos perdió el prepucio, al año siguiente nos dio clase, al fin. Para nada decepcionó nuestras expectativas y usando lo que mucho más tarde yo adiviné como la máxima horaciana del docere delectando, nos cautivó con su pasión hacia el mundo latino, enseñándonos el verbo sum cantándolo, cual Apolo barbado, a los sones de su bandurria, nos machacó con conjugaciones y declinaciones, se ensañó con pronombres, construcciones de ablativo y de infinitivo y, sobre todo, me convirtió en un traductor metódico, intuitivo, implacable. Cuando más densa en contenidos gramaticales había sido la clase, usaba los últimos 10 minutos de clase para descontaminarnos contándonos chascarrillos de dioses. ¡Cómo adorábamos esos momentos, cómo esperábamos las clases de latín!
   Lo disfruté también en 3º de BUP, donde nos encandiló con César en la selección que hiciera el ilustre Segura Munguía para Anaya, haciéndonos sudar sangre con los pasajes más rebuscados. A la mitología añadió clases para relajarnos sobre historia e instituciones romanas y afianzó mis instintos de depredador traductor.
   Cuando al año siguiente, por motivos familiares, hube de trasladarme a Murcia a terminar COU, fue tan dramático el contraste entre lo que me había y, sobre todo, cómo me había enseñado Raimundo y lo que me enseñaba aquel pobre y gris docente de latín del nuevo instituto, que casi me da un síncope.
   Aunque lo peor fue cuando, por revueltas del destino, me vi inserto en la carrera de Filología Clásica y veía pasar los años sin que me enseñaran nada nuevo y viviendo de las rentas de lo que me enseñó mi otrora profesor en aquel pueblucho segureño.
   Al cabo de los años aprobó la oposición de Latín y hubo de aguantar el ser mirado por encima del hombro por los "filólogos" clásicos de pata negra, que lo veían como un intruso por no ser tan purista como ellos... A Júpiter gracias.
   Por mi parte, tras aprobar en Galicia y trabajar 3 años allí y 6 en Huelva, sin perder en ningún momento el contacto con él, aunque fuera telefónico, los hados me retornaron a Murcia, a Alhama de Murcia, donde me permití el lujo de contar con él para un espectáculo de poesía y música grecolatina celebrado con mi grupo "Thermarum Histriones", del IES Miguel Hernández, en la impresionante sala abovedada romana (de 6 metros de altura y construida en el siglo I de nuestra era) del Centro Arqueológico de Los Baños. Allí declamó una graciosa coplilla, traducción libre de un "soneto" catuliano, musicado por mi adorado David Perea.

SONETILLO  CATULLIANUS

Por favor, dulce Ipsithilla,
mis delicias, mis pasiones,
si el cerrojo no me pones
quiero acercarme a tu villa

para echar la siestecilla
y bajar las erecciones
de una verga que a empujones
rompe túnica y  mantilla.

Dime que vaya a calmarla
y obtendrás a borbotones
nueve polvos sin sacarla.


Y lo que más me satisfizo de todo es el poder haberle reconocido en vida y en directo, al amor de un buen tinto y una exquisita paella de verduras en los apriscos de Sierra Espuña, en el Nuevo Paraje Moriana, lo que le debo, la enorme deuda de gratitud y mi reconocimiento indeleble, otorgándole a él el título de Magister. No ha publicado nada sobre los VT, NE en Tácito, ni sabe nada sobre el orden de palabras en Caritón de Afrodisias. Como a mí, le importa un comino los sinónimos de segur en los fragmentos de Ennio, Nevio o Andrónico. Y no es que despreciemos a los que se afanan en tales estudios, ni mucho menos, sino que pensamos que debemos abrir las clásicas más a la sociedad, no mirarnos tanto el ombligo ni sentirnos la élite entre las élites. Por eso, desde hace un año raimundo tiene unsa sección en la radio Onda Regional de Murcia, donde, al menos una vez al mes, acerca al gran público el mundo de la mitología grecolatina de manera desenfadada, pero exquistamente documentada. Y así continúa docendo delctandoque.
   Y ojo, aviso sobre todo a ninfas incautas, Raimundo es sátiro añejo y retozón, que con su mirada miope inspira ternura y confianza, pero quien sátiro nace, fauno fenece.
Gratias optimas, Magister.