viernes, 18 de noviembre de 2011

THERMAE. TEXTOS Y ACTIVIDADES PARA CONOCER LOS ESTABLECIMIENTOS TERMALES EN ROMA. FERNANDO RUIZ IBÁÑEZ Y ARÍSTIDES MÍNGUEZ BAÑOS

   Jairete, oh Mortales: os ofrezco a continuación una unidad didáctica que elaboré años ha. Los textos y narración se deben a aqueste humilde servidor, mientras que las actividades las propuso el Eximio y Eminentísmo Fernando Ruíz Ibáñez, amigo y colega matemático, renecentista donde los haya y ducho en Heráldica y Astronomía.
   Los textos están extraídos de mi obra de divulgación lúdico-didáctica "Antrum Druidae", enviada a diversas editoriales y aún no aceptada. Editoriales del mundo, ¿a qué esperáis?


THERMAE


Las termas eran uno de los edificios más representativos de la cultura romana, pues el acudir a tomar los baños, bien como lugar de esparcimiento y encuentro con los amigos, bien para aprovechar los poderes curativos de algunos manantiales, era una de las costumbres más arraigadas en la Roma antigua. En primer lugar centraremos nuestra atención en el edificio propiamente dicho, para, a continuación, detenernos en cuál era una jornada cualquiera en este tipo de construcciones.



I. EL EDIFICIO.

Las había de varios tipos (pequeñas casas de baño privadas o balnea meritoria y las abiertas a todos los públicos), aunque nosotros nos demoraremos sólo en las públicas, las denominadas propiamente thermae. En un principio éstas eran costeadas por un ciudadano rico que quería agasajar a sus vecinos, permitiéndoles el uso de unas instalaciones donde podían llevar a cabo su higiene diaria, solazarse con los amigos y entablar las más diversas relaciones sociales. Con la llegada del Imperio, fueron los propios emperadores quienes sufragaban su construcción.

Las termas pertenecían al Estado, aunque éste las arrendaba a un empresario (conductor), quien se encargaba de su mantenimiento y cobraba un cuadrante o cuarto de as, un precio muy asequible, como entrada o balneaticum a las personas que querían hacer uso de sus instalaciones.

Éstas que siguen son las principales estancias de un complejo termal:

1. El apodyterium: se hallaba cercano al pórtico de entrada al recinto y se utilizaba como vestuario, donde los clientes se desnudaban y dejaban sus prendas en unas alacenas o nichos cuadrados y profundos, construidos más o menos a la altura de la cabeza, y que no tenían puertas, por lo que, si se querían evitar los hurtos, los bañistas debían dejar al cuidado de sus ropas a uno de sus propios esclavos (servus capsarius) o darle una propina a un esclavo del complejo termal para que las vigilara. Alrededor de toda la estancia había un banco corrido de mampostería para sentarse mientras se despojaban de sus vestimentas. En el apodyterium había varias puertas que comunicaban bien con la palaestra bien con los baños propiamente dichos.

2. El tepidarium o sala templada era una sala de paso con bancos de mármol, donde merced a su temperatura tibia los bañistas se preparaban y habituaban su cuerpo para pasar del caldarium al frigidarium o viceversa.

3. El caldarium o sala de calor constaba de bañeras y surtidores de agua caliente, donde la temperatura era muy elevada. Se dan, incluso, casos de termas que en sus caldaria disponían de piscinas para que pudieran nadar sus clientes o, simplemente, remolonear en sus cálidas aguas. Las hay incluso que cuentan con el assa sudatio o laconicum, un habitáculo destinado a tomar baños de sudor, antepasado remoto de nuestras saunas.

El caldarium era la estancia más luminosa y engalanada de todo el complejo, ya que contaba incluso con bañeras de mármol o pórfido y con bancadas de piedra noble donde los clientes se podían recostar mientras sus esclavos los masajeaban y limpiaban su piel de impurezas. En aquellas termas que no estaban construidas sobre un manantial de aguas hirvientes, los suelos de las diversas salas se caldeaban mediante un complejo sistema de hornos subterráneos (praefurnium) y canalizaciones huecas por donde circulaba el aire caliente, existiendo además grandes calderas metálicas para calentar el agua. Esta técnica recibe el nombre de hypocausis. Dichos hornos eran alimentados por un destacamento de esclavos, que se encargaban de que cada sala tuviera la temperatura adecuada a sus características. Este sistema de calefacción se sigue utilizando todavía en muchas zonas de nuestro país, sobre todo en el centro y el norte, y es conocido como “la gloria”.



Aparte de estos espacios arriba señalados podemos encontrar otros complementarios en algunas termas, como:

a. palaestra: se trataba de una zona porticada donde, tras desnudarse en el apodyterium, los bañistas se entregaban a diversos ejercicios atléticos, cuales lanzamientos de disco y jabalina, carreras, lucha grecolatina, etc. En la palaestra existía también un local destinado a que los atletas se quitaran el polvo y el sudor antes de entrar a las termas (destrictorium). Algunas contaban, inclusive, con una gran piscina natatoria al aire libre.

b. Popinae: alrededor de estos complejos, o dentro también, nos podemos encontrar con una gran serie de tabernas donde los clientes pueden beber o comer si lo desean. Ciertos lugares cuentan además con bibliotecas, salas de exposiciones, reservados, etc.



II. UNA JORNADA EN LAS TERMAS.



Algunos de los complejos que arriba hemos mencionado contaban con dos espacios, uno reservado a las mujeres y el otro, para los hombres; en el caso de que unas termas no tuvieran estas dos zonas convenientemente separadas por sexos, lo que se hacía era distribuir el horario de baños: las féminas disfrutaban de sus baños desde la salida del sol hasta la hora séptima, mientras que los varones lo hacían desde la octava hasta la décima, por lo general.

Sigamos ahora a un romano cualquiera en su visita diaria a los baños. Lo primero que nos llamaría la atención es que un ciudadano no solía acudir solo a estos espacios: si era adinerado lo acompañaban al menos cuatro esclavos (el balneator asistía a su señor a lo largo de todas las estancias, llevándole los útiles precisos para su higiene personal, como unos hierros arqueados o raspadores, strigilis, y un ungüentario con aceite y perfumes diversos; el unctor masajeaba a su dominus y lo ungía con aceites y esencias; el alipilus lo depilaba y, por último, un cuarto esclavo llevaba las toallas y la ropa limpia y se quedaba al cuidado de las prendas de su amo). Si no se disponía de recursos necesarios para tener esta corte de sirvientes, en las mismas termas pululaba una nube de balneatores, unctores y alipili que alquilaban sus servicios a aquellos que los precisaran.

Tras pagar una módica entrada al portero, el ciudadano accedía al apodyterium, donde se despojaba de sus vestiduras y las dejaba en los nichos antes mencionados. Así, completamente desnudo, se encaminaba hacia la palaestra para practicar deportes como el juego de pelota, lanzamientos de disco o jabalina, carrera, luchas, etc., o bien para nadar en la gran piscina descubierta (natatio). Después de realizar sus ejercicios, o contemplar cómo otros los hacían, se limpiaba el sudor y el polvo adheridos a la piel en el destrictorium. Acto seguido se dirigía al tepidarium, la sala templada en la que preparaba su cuerpo para penetrar en el caldarium, estancia en la que permanecía la mayor parte del tiempo, bien sumergido en las bañeras o piscinas de aguas ardientes, bien tomando baños de vapor. Era en el caldarium donde los unctores masajeaban a los bañistas, embadurnándolos de aceites y ungüentos y limpiándoles las impurezas con las strigiles. También aprovechaban esta sala caliente para compadrear con los amigos y concertar negocios o cenas. Abandonaba nuestro romano el caldarium para irse al frigidarium, mediando el paso por el tepidarium, y tomar en la sala fría un baño de agua helada. Y vuelta a empezar.

Ya comentamos que algunas termas contaban con popinae o tabernas donde tomar un refrigerio, bibliotecas, salas de exposiciones, etc. Pero para hacernos una idea más clara de cuál era el ambiente que se respiraba en estos lugares, escuchemos a Séneca, el filósofo cordobés preceptor de Nerón y que vivía encima de unas termas:



Habito justamente encima de un baño; imagínate un vocerío, un griterío en todos los tonos, que te hace desear ser sordo; oigo el chillido de los que se ejercitan con las palancas; emiten silbidos y respiran afanosamente. Si alguno de ellos se está muy tranquilo haciéndose el masaje, oigo el chasquido de la mano en la espalda, y un sonido diferente según el golpe es dado con la mano plana o ahuecada. Cuando luego viene uno de aquellos que no pueden jugar a la pelota si no gritan y comienzan a contar los puntos en alta voz, es el acabóse. Hay también el pendenciero, el ladrón cogido in fraganti, el charlador, que cuando habla se complace en escuchar el sonido de su voz, y los que se zambullen en la piscina para nadar, mientras el agua brota salpicando rumorosamente por todas partes. Pero a lo menos éstos emiten una voz que es la suya propia. Piensa en el depilador, que a cada paso hace un verso en falsete para ofrecerte sus servicios, y no se calla sino mientras está arrancándole los pelos a uno; pero entonces el que grita es el que está debajo de él, sin contar el griterío de los vendedores de bebidas, de salchichas, de tortitas, y de los mozos de las tabernas que van de un lado a otro ofreciendo su mercancía, cada uno con una especial modulación de voz. Seneca, Ep., 56, 1-2.



Está claro que lo que hemos comentado se hacía en aquellos complejos destinados al ocio y que existían otros baños que se utilizaban fundamentalmente para realizar curas termales, frecuentados por enfermos y sus familias. No obstante, a pesar de lo anterior, nos encontramos casos de balnearios terapéuticos en los que, aparte de las estancias destinadas a su uso sanitario, nos encontramos anexas las salas que antes hemos citado como características de los baños de ocio. Tal es el caso de los baños de Alhama de Murcia, donde podemos observar dos salas destinadas al tratamiento curativo mediante hidroterapia (una para hombres y otra para mujeres) y, anexos a éstos, encontramos un frigidarium, un tepidarium y un caldarium, con su horno y sus sistema de distribución de aire caliente muy bien conservados. Desgraciadamente, se han perdido la palaestra y el apodyterium. Resulta llamativo que estos baños hayan sido usados, sin solución de continuidad, por romanos y árabes, llegando su uso incluso hasta principios del siglo XX, en el que acabó por secarse el manantial que surtía a los baños y el ayuntamiento optó por derribar el edificio del balneario, en cuyos sótanos estaban las estructuras romanas y árabes que recientemente se han restaurado y abierto al público para su conocimiento y disfrute de tan peculiar monumento.

Aparte de estos baños, podemos encontrar otros en nuestra provincia como los de Fortuna (también usados por su poder curativo y todavía no excavados del todo), los de Cartagena, Archena (todavía en uso como el de Fortuna), Begastri y Águilas.

 




GALERÍA DE IMÁGENES



 
 
Nichos para la ropa. Apodyterium.


EJERCICIOS DE COMPRENSIÓN Y MEMORIA



Nombre:_________________________________________________

Fecha:__________



En la documentación anterior, se describen lugares, trabajos y personajes utilizando su denominación latina, los presentes ejercicios te ayudaran a recordarlos en un futuro, además de facilitar la comprensión del texto a través de cuestionarte lo que has entendido. Por lo tanto, lo primero que haremos será leer el texto.



Ejercicio I. (Investiga) En España había muchas localidades donde los romanos y los árabes tuvieron termas. Sin embargo, los nombres que nos han legado son diferentes. Proveniente del árabe la palabra Alhama (al haman, los baños), del latín Termas y Caldas, y del castellano Baños. Busca los pueblos españoles que se denominen con alguna de estas palabras o derivados e indica si hubo termas romanas.



Localidad Provincia Termas

Alhama de Murcia Murcia Existen sus ruinas y son visitables

Caldas de Boi

Termancia

Baños de la Encina

Baños de Fortuna

Ejercicio II. (Investiga) ¿Dónde están las termas de Caracalla?, ¿de qué época son?.


Ejercicio III. (Deduce del texto) Para poder ir a los baños, debes conocer los distintos oficios que se ejercen en torno a éstos; relaciona con una flecha el personaje y su nombre latino Busca también, si existe alguna palabra castellana relacionada con el oficio.


Oficio                                                                            Oficio en Latín
Empresario de las termas                                           Balneator

Depilador                                                                        Alipilus

Ciudadano respecto a sus esclavos

Conductor                                                                      Conductor

Masajista
 
Esclavo personal

Asistente de balneario




Ejercicio IV. (busca en el texto) Suponte que eres ciudadano romano que va a sus thermae, elige la opción correcta y rellena los espacios en blanco:


 Prefieres ir a bañarte al río, por que las thermae son muy caras

 El precio es asequible y cuesta:____________

 A las thermae sólo van viejos y enfermos a tomar las aguas

 Como son del estado son gratis.

 Son de propiedad privadas

 Esta tarde has quedado con tu señora para ir juntos a las thermae

 Van hombres ricos y normales.





Ejercicio V. (busca en el texto) Explica la diferencia entre balnea meritoria y la thermae

.

Ejercicio VI. (busca en el texto) ¿Cómo se denomina el ticket para entrar al balneario?



Ejercicio VII. (piensa un poco) ¿cómo se denomina sopa caliente?



Ejercicio VIII. (busca en un diccionario) Como ya has observado, a veces el castellano conserva palabras muy parecidas, pero con significados distantes, indica de las siguientes palabras cual es su derivada y que significa:



Palabra latina Deriva en Significa

frigidarium Frigido

laconicum Lacónico

palaestra

Caldarium



Busca ahora su significado en el texto


 
Ejercicio IX. Dibuja la escena que describe Séneca, ¿con qué se podría comparar en la actualidad?



Ejercicio X. (busca en el texto) Hay varias palabras latinas que aparecen en singular y plural, encuéntralas y agrúpalas según forman el plural.

Singular                           Plural



Ejercicio XI. (busca en el texto) Indica en qué zona del edifico estarías, según la acción indicada (siempre en el complejo termal)



Acción                                                        Lugar

Ejercitando los músculos                        Palaestra

Viendo una exposición

Tomando vinos

Tomando un baño de sudor

Tomando un baño frío

Recibiendo un masaje

Nadando en la piscina descubierta

Limpiándome el polvo

Vistiéndome

Tomando un baño caliente



Ejercicio XII. (Observa)



¿qué se observa en la fotografía?



¿Cómo se denomina esta habitación?



Investiga en internet en http://iris.cnice.mecd.es/latingriego/Palladium/cclasica/esc336ca9.php a qué parte de las termas corresponde las siguientes fotografías:




Con todo lo que sabes ya de las termas, realiza un plano de unas termas, indicando el nombre de las habitaciones y lugares, y señala con una flecha el recorrido de un usuario habitual















domingo, 6 de noviembre de 2011

¿PARA QUÉ SIRVE EL LATÍN? Y, ¿EL GRIEGO? (2)

   Despierta, mi dulce Talía, llegado es el momento de deslumbrarnos a los mortales con tu glauco mirar. Sí, mi vieja amiga, te sé cansada ante la indiferencia, que raya el menosprecio, de los más de los moldeados por Prometeo ante ti y tus hermanas. Te conozco harta, y con razón, de que casi todos piensen que Talía es una cantante, cuya fama borrará el viento en uno de tus suspiros, en vez de ser tú, Musa. Pero, ¿qué les vamos a hacer si renacimos de las piedras que Deucalión y Pirra, esa venerable pareja de ancianos, arrojaron a sus espaldas, tras ahogar Zeus con su diluvio a la perniciosa raza humana? De piedra siguen teniendo algunos, los no tocados por el pathos que surge cuando se descubre LO CLÁSICO, no sólo el alma, sino también las entendederas.
   Ea, mi entrañable amiga, aleja las telarañas de Morfeo de tu rostro enjuagándote en esta jofaína, cuyas aguas no serán las de tu suspirado Parnaso, pero sábelas dignas de tu divinidad. Así me gusta más: tu sonrisa picaruela, eterna, tus ojos chispeantes, traviesos. Esa es mi Talía, mi dilecta dama de la Comedia.



   Canta a través de mí, Musa, el para qué sirve el Latín, lo que el griego, sagrada lengua con la que los dioses os comunicáis, Despoina, aporta a los mortales, a pesar de que ellos, criaturas efímeras, ni lo sepan ni, para su mal, lo agradezcan.
   Ilumina, Musa, a este mísero vástago de Prometeo a fin de que pueda hacer ver a sus hijos, Aris y Edu, a sus pupilos y a aquellos, cuyas venas desaguan en el  Egeo, al que los nacidos de Marte llamaron Mare Nostrum, que lo Clásico, lo Greco-Latino es por méritos propios el Alma Mater de nuestra Esencia.
   Pues sí, hijos míos, el otro día intentaba demostraros que Todos somos, aún hoy, Grecia y Roma, pese a quien pese. Pues Grecia nos enseñó a cuestionarnos el porqué de las cosas, a preguntarnos por nosotros y por las cosas que nos rodean, dando a luz a la Filosofía. La Filosofía, otra disciplina que per se "no vale" para nada, que "no sirve" para cosa alguna, pues con ella ni vais a ganar dinero ni os van a llamar de "La Noria" ni del "Sálvame de luxe"... Afortunados vosotros, los que pénsáis, los que tenéis neuronas útiles, hijos, pues nunca seréis carroña televisiva.
   La Filosofía, esa ciencia deliciosamente inútil, que, en palabras de Aristóteles, otro griego clásico, no está al servicio de nadie ni de nada, pues lo que nos entrega es el saber por el saber, ya que es el conocimeineto más valioso del ser humano, puesto que es un fin por sí mismo. Ya lo decía Platón, el de anchas espaldas, otro griego: "Una vida que no se piensa, no vale la pena vivirla". Sí, niños, fueron los helenos, sobre todo los de Atenas, quienes nos enseñaron a pensar, a amar la Sabiduría por encima de todo. Y ahí tenéis, si no, a Platón, a Aristóteles, a Sócrates, a Pitágoras, a Heráclito, ... Os recomiendo una cosa: id, si los dioses así os lo conceden, a Roma, visitad las Estancias de los Papas en los Palacios Vaticanos, buscad las que pintara el inmortal Rafael, otro greco-romano que vivió en el Renacimiento Italiano, encontrad el fresco llamado "La Escuela de Atenas" y localizad en él a los filósofos más famosos de la Grecia Antigua, intentando poner cara a cada uno de los que allí se representan y disfrutando al reconocerlos y saber qué nos están indicando.

"La escuela de Atenas", Rafael, Estancias Papales, Palacios Vaticanos


   Fue mi amado amigo Juan de Dios, profesor de Filosofía enamorado de su profesión, quien me alumbró en todo lo que os he contado y quien me descubrió que el mencionado Platón, el más aventajado discípulo de Sócrates, en su Libro II de "La República" nos cuenta la historia del Anillo de Giges. Narra la historia de Giges, un pastor que tras una tormenta y un terremoto encontró, en el fondo de un abismo, un caballo de bronce con un cuerpo sin vida en su interior. Este cuerpo tenía un anillo de oro y el pastor decidió quedarse con él. Lo que no sabía Giges es que era un anillo mágico, que cuando le daba la vuelta, le volvía invisible. En cuanto hubo comprobado estas propiedades del anillo, Giges lo usó para seducir a la reina y, con ayuda del ella, matar al rey, para apoderarse de su reino.
   Glaucón (hermano de Platón) hace referencia a esta leyenda para ejemplificar su teoría de que todas las personas por naturaleza son injustas. Sólo son justas por miedo al castigo de la ley o por obtener algún beneficio por ese buen comportamiento. Si fuéramos "invisibles " a la ley como Giges con el anillo, seríamos injustos por nuestra naturaleza.
   Este mito ha tenido gran influencia en la filosofía, ya que da a entender que el ser humano hace el bien hasta que puede hacer el mal cuando «se hace invisible». 
   Ahí os va. ¿Sabéis, ahora, en quién se inspiró vuestro admirado Tolkien para idear su fastuosa saga de "El Señor de los Anillos"? Pues sí, chicos, el manantial del que bebió Tolkien para su historia del anillo mágico encontrado por Bilbo Bolsón, que tantas penurias acarreó a la Tierra Media, fue ni más ni menos que Platón, un griego que vivía en griego clásico. Y por eso, además de otras muchas cosas más, vale la pena saber heleno: para poder leer a Platón y a Heródoto, el padre de la historiografía actual junto a su heredero Tucídides, que también nos habla de este Giges.
   Cuando aquellos que se declaran científicos, furibundos talibanes de los números y de las fórmulas matemático-físicas, despotrican de nuestras materias y de las Humanidades en general, me dan pena. Son, aparte de mentecatos e ignorantes, unos desagradecidos: olvidan que Euclides, matemático y geómetra que vivió en Alejandría entre los siglos IV y III a. C., es el padre de la Geometría moderna y que en griego escribió sus axiomas.   La geometría de Euclides, además de ser un poderoso instrumento de razonamiento deductivo, ha sido extremadamente útil en muchos campos del conocimiento; por ejemplo, en la física, la astronomía, la química y diversas ingenierías. Desde luego, es muy útil en las matemáticas. Inspirados por la armonía de la presentación de Euclides, en el siglo II se formuló la teoría ptolemaica del Universo, según la cual la Tierra es el centro del Universo, y los planetas, la Luna y el Sol dan vueltas a su alrededor en líneas perfectas, o sea circunferencias y combinaciones de circunferencias.
   Estos palurdos "de ciencias" que reniegan de la Herencia Clásica olvidan, o lo que es peor: ignoran, el débito que tienen sus disciplinas con Pitágoras (y sus catetos e hipotenusa), con Tales de Mileto, con Arquímedes, ..., pues sólo así se explica su osadía al despotriscar contra sus padres.
   Y, ¿de la medicina qué os puedo decir? A poco que os fijéis descubriréis una pervivencia latente del léxico griego, en primer lugar, en las disciplinas sanitarias. Así, sólo con saber que "-itis" en la lengua de Homero significa "inflamación o infección", podréis descubrir, usando de nuevo nuestra lengua, lo que significa Otitis, Laringitis, sinusitis,... Mirad, si no existiera nuestra lengua madre, yo, que cojeo un poco del lado izquierdo, no padecería una "Aquileitis", sino un hinchazón en el zancarrón. Átate los machos: suena mucho más fino lo de Aquileitis, ¿no? Por cierto, a ver si descubrís por qué se llama así esta dolencia, consistente en la inflamación del tendón de... ¿quién?
   Y todo porque Hipócrates, otro clásico, sentó en griego los cimientos de la medicina moderna.
  
   El otro día os dije que durante los siglos oscuros, en pleno corazón de la Edad Media, el griego, fundamentalmente, pero también el latín se habían olvidado, menoscabado hasta que un grupo de artistas e intelectuales, en la floreciente Italia del siglo XV, volvió a redescubrir el mundo clásico, produciéndose así el bienhadado Renacimiento, que no era ni más ni menos que la vuelta a la luz de todo lo que Grecia y Roma aportaron al ser humano. Así sin Apolodoro de Damasco, quien a instancias del emperador Adriano reconstruyó el Panteón de Agripa, Bruneleschi no hubiera podido rematar la cúpula de Santa María del Fiore, en Florencia, y sin ellos, el inmortal Miguel Ángel no hubiera podido cerrar la inmensa cúpula sobre el altar mayor de San Pedro en el Vaticano.       
     El panteón "diseño angélico y no humano", según Miguel Ángel.                      Y por ir rematando, ¿no deberíamos estar eternamente agradecidos a los hijos del Egeo por habernos regalado sus historias, sus mitos? ¿Hay algún jardín más frondoso, más tupido, más aromático que el sembrado por los mitos clásicos? ¿Qué sería de nuestras vidas sin los dioses del Olimpo, sin sus héroes y heroínas? Los dos conocéis a Irene, que te subyuga con su mirada bicolor, y sabéis que noche tras noche le reclama desde chiquitina a su madre que le cuente un mito: no imagino nana más dulce que dormirse arrullado por la voz de Charo, mientras de su boca toman vida Orfeos y Eurídices.
"El más bello recuerdo de la antigüedad romana es sin lugar a dudas el Panteón. Este templo ha sufrido tan poco, que aparenta estar igual que en la época de los romanos." en palabras de Stendhal.
   En efecto, gracias, Grecia, por regalarnos la Filosofía, el Teatro, la Historiografía, los fundamentos de la Medicina, tu Arte,... tus Mitos.
   Y de Roma, del Latín y su pervivencia en el mundo actual podría empezar y no terminar. Básteos saber, chicos, que los días de la semana están consagrados todos a un dios romano (Lunes es el Lunae Dies, el día de la luna; Martes está dedicado a Marte,...), que los meses del año toman también su nombre de la lengua del Lacio, que latinos son los nombres de los signos del zodiaco, que en la tabla periódica de los químicos, sí, muchos elementos proceden de su nombre latino (Fe. de ferrum, Aur. de aurum,...).

   Mirad, hijos, el problema que tenemos es que vivimos en una sociedad regida por un materialismo galopante y mandada por unos petimetres analfabetos (pues desconocen los rudimentos del alfabeto griego), que odian todo lo clásico por ignorancia, por mezquindad, por ineptitud y por cortedad de miras. Pero también por vergüenza, sí. Temen que les demos lecciones de democracia invocando las figuras de Arístides el Justo, de Temístocles, de Pericles, de Solón,... Tiemblan al pensar que les mencionemos la rectitud e integridad de personajes como Catón el Censor   y de Cincinato, un romano de noble origen que abandonó el arado para salvar a su ciudad haciéndose con el mando absoluto y, que al conjurar el peligro, renunció a su poder y regresó a sus campos.


    ¿Os imagináis a algún Zapatero, Rajoy, Aznar, Rubalcaba, Camps o Chaves haciendo lo mismo que Cincinato? Francamente, no, ni por asomo.
   Sí, hijos, por esto y por tantas cosas más les somos incómodos a los poderosos los de Clásicas y hacen todo lo posible por anularlos y engañar a la sociedad con la patraña de que somos unos inútiles, a fin de acallarnos y que no pongamos en evidencia su supina ignorancia, su ineptitud, su mediocridad, pues por saber no se saben ni la prinera declinación.
   Es de nuevo mi Magister Raimundus, satyrus libens, quien me ha dado el argumento definitivo para convencer a la Humanidad de la necesidad de aprender Latín (y su madre-hermana el Griego). Hasta 1963, cuando el Concilio Vaticano II, el latín era la lengua oficial de la iglesia y todas las misas se daban en esta lengua. Aún hoy en día el Latín sigue siendo la lengua del Vaticano y del catolicismo. Así pues, se supone que en el Cielo, paraíso de los católicos, el idioma oficial será, precisamente, el Latín.
   Ya sabéis que yo soy muy pagano y que, a mi muerte, me he pedido traslado al Averno, con pase pernocta para visitar en el Parnaso a mis adorados Homero, Horacio, Plauto y Aristófanes; pero los que sean católicos y sepan latín tienen un cargo asegurado en el Cielo. Es verdad, Raimundo, sólo con aprenderse cuatro conjugaciones y cinco declinaciones seguro que los contratan como Funcionarios Celestiales, con mesa propia a la derecha de Dios. Los que se sepan, además, los verbos irregulares, los valores del cum y del ut, a ellos seguro que los contratan de Directores Generales de alguna sección. Y los que a todo lo anterior sumen el saberse los usos y valores de los infinitivos y participios, de ésos serán  los Ministerios, Archicofradías y demás prebendas.
   Ay, entonces llegará nuestra hora. Los mediocres politicastros que ahora nos rigen, sanguijuelas ignorantes del latín y del griego, irán al Cielo, sí. Pero como no saben ni latín ni griego, currarán toda la eternidad como vuestros subalternos. Así, sir Esperanza Aguirre trabajará en una subcontrata limpiando las letrinas angelicales, de interina a tiempo parcial. A Zapatero lo pondréis de herrador de burros, mulos y otras acémilas. Marianico Rajoy besará vuestros pies y se quitará la gorra de plato cada vez que os traiga el café mañanero. El inefable Valcárcel lidiará con Pegasos y otros sementales como mamporrero de la yeguada de los arcángeles. Rubalcaba, de botones Sacarino; Camps, de encargado del guardarropa; Chaves, de palmero; Artur Mas, de bailaora flamenca; la Cospedal, de modistilla tijerera; Carod Rovira, el Niño los Mostachos, de torero; ... Dioses, qué beatitud, qué alborozo entonces, cuando la Justicia divina ponga a cada uno en su lugar.
   Amén.


jueves, 29 de septiembre de 2011

¿PARA QUÉ SIRVE EL LATÍN? Y, ¿EL GRIEGO? ( I )

   Llevo 21 años dando clases de Latín en institutos públicos, que los hay y tan buenos o más que algunos concertados o privados, manque les pese a Sir Esperanza Aguirre y a los de su alcurnia. 21 años respondiendo siempre a la misma pregunta, formulada por algún alumno resabiado o con ganas de hacerse notar ante lo que él cree su gallinero: "Maestro, ¿para qué sirve el Latín?".

   En mis años mozos, cuando enseñaba en aquellas añoradas tierras gallegas lamidas por el Cantábrico, les respondía siempre a sus impertinencias con la misma frase: "Para que un necio como tú me haga una pregunta tan estulta como la tuya". Ante la cara de pasmados que me ponían los susodichos, les traducía a su idioma román paladín: "Para que un gilip... como tú, me haga una...". No me dejaban terminar la traducción y, encima, se mostraban airados. Yo sólo pretendía demostrarles que, con el latín, se podía insultar a uno sin ofenderlo. No sé, tal vez y sólo tal vez, tenían razón cuando insinuaban que, por entonces yo era algo "cabrito", por mucho en que les insistiera en que no me quitaran años, pues ya no estaba para diminutivos.

Foto del bloguero en los años 90, afectado por una insolación en los lares cantábricos

   Pasaron los años, se avinagró menos mi carácter, pero seguían preguntándome la misma cantinela al comienzo de cada curso. Yo, que siempre he sido de buen yantar y mejor libar, y a quien los dioses  han honrado con un cuerpo de buen ver, "Opimus" me llamaban algunos, les respondía: "El Latín sirve para darme de comer a mí y, como ves, estoy de buen año. Así que arreando...".


El autor haciendo el toro (o el buey, según se mire) en visión del inefable Magister Raimundus

   Recuerdo con ternura a un zascandil onubense, un pedazo de carne con ojos, más alto que un armario, que, vago como él solo, clase tras clase, con tal de perder minutos, me espetaba: "Maestro, ¿pa qué sirve er latín, si no me voy a meter a cura?". Hasta que un día le bufé : "QVOSQVE TANDEM, LUDOVICE, ABUTERE POLIMINIBUS MEIS?". ¡Pobre! No llegó a terminar el BUP y cada vez que me cruzo con él, cuando conduce un autobús urbano en Huelva, saca sus dos metros por la ventana, da un tremendo bocinazo y me grita: "o FVERE", que es lo único que recuerda de cuando cantábamos en clase el pretérito perfecto del verbo SVM.
   Y ahora aquí me hallo, a una milla de Murcia, en lo que no ha mucho era huerta, a comienzos de curso y, sea en 4º de la ESO sea en 1º de Bachillerato, siempre hay algún zagal que me lo pregunta. Fue a comienzos del pasado verano, cuando, tras regresar de una de esas noches al borde del mar que tanto gustaban a Kavafis, mi hermano de alma Juan de Dios, profesor de Filosofía en mi antiguo centro de Alhama de Murcia, me hizo ver la luz. "Yo siempre les digo a mis alumnos que la Filosofía no sirve para nada. Que ya está bien de que estudien cosas que sirven para algo, que me sigan, que se dejen llevar por mí en nuestro recorrido por los laberintos de la filosofía y que, al final de curso, mediten si son los mismos que eran al comenzar".
   Y tiene razón Juande: el latín no sirve para nada, como la música, pero, para mí, una vida que no estuviera acompañada en todo momento por la música y, ¿por qué no?, por el latín no sería vida.
   Soy padre de dos niños, Aris y Edu. El mayor cursa ahora 3º de la ESO y, si sigue lo apuntado hasta el momento, me temo que va coger Latín en 4º, si no aparece ningún chiquilicuatre profesor que lo espante. Me tocará entonces responderle a él para qué sirve el Latín y, me parece, no puedo soltarle las borderías de antaño, más que nada por miedo a los improperios que me puede lanzar su madre. Y 6 años después habré de hacer lo mismo con su hermano.
   Mirad, hijos, desde el punto de vista de la sociedad materialista en la que vivimos, es verdad que el latín no sirve para nada, que no se habla en ningún sitio corrientemente, que no os vais a hacer ricos con él ni os van a llamar para la nueva edición de "Gran Hermano" y, encima,  os van a mirar raro si decís que estudiáis latín. ¿Cómo explicaros el hormigueo, las "fuertes emociones" que siente uno al desentrañar y traducir un texto griego o latino? Es algo semejante al placer por el trabajo bien hecho, por la belleza de su acción que experimentan los forenses que realizan la autopsia a un cadáver para hallar la causa de su muerte y atrapar al asesino. Sí, esos forenses que están tan de moda en las series televisivas como "C. S. I. " o "Bones" y que tanto gustan a vuestros compañeros de clase. Pues bien, los traductores somos los forenses de lo que los grandes maestros de la Antigüedad dejaron escrito. Y disfrutamos tanto metiendo el bisturí en sus frases, en sus expresiones, en sus palabras y vertiendo éstas a nuestra lengua materna, que deseamos compartir este don con nuestros alumnos, aunque ni éstos ni el resto de la sociedad esté aún preparada para valorar este regalo.
   Mirad, chicos, durante gran parte de la Edad Media el griego desapareció de la Europa occidental y se olvidó casi por completo, ignorándose cómo se leía inclusive. Gracias a la impagable labor silenciosa de algunos monasterios y de las escuelas de traductores de los reinos islámicos, se pudieron copiar muchos manuscritos y transmitir de generación en generación, pero en ese largo camino se perdieron para siempre jamás miles de obras. Pensad que en esta época se hablaba un latín macarrónico, gracias a que era la lengua de la iglesia, pero se despreciaba todo lo griego e incluso lo latino que no fuera religioso. No podemos permitir que se vuelva a repetir ese error y que el Latín y el Griego caigan de nuevo en el olvido, pues pasaría como el idioma de los íberos, que pueden leerlo, pero nadie sabe lo que dice porque son incapaces de traducirlo y comprenderlo, hoy por hoy. Los clásicos somos, entonces, también los transmisores, los guardianes de nuestras lenguas y culturas.



   Sabed que sin saberlo, sin darnos cuenta siquiera somos Grecia. Somos Roma. Todos. Grecia hizo posible que en ella viera la luz, en la remota isla de Quíos, un aedo, un cantor y poeta ambulante ciego, Homero. Sí, habéis leído bien: un ciego que vio la luz, un ciego que alumbró unas de las historias más maravillosas jamás cantadas, auxiliado, como él mismo reconoce con una humildad que le hace aún más grande, por su Musa, de la que se declara mero intermediario, mero transmisor de su canto. Pensad que fue capaz de componer, memorizar y cantar unos 24000 versos, preñados de historias de guerra, sí, pero también de amor, de aventuras, de monstruos, de humor, de amistad, de Humanidad, al fin y al cabo. Todo está en "La Ilíada", en "La Odisea". Dejaos seducir por ellas, tomaos el tiempo que necesitéis y comprenderéis cómo un ciego pudo ver la luz. ¿Sabéis que Homero compuso sus obras en el siglo VIII a. C. y que hasta casi 500 años después no fueron recopiladas y puestas por escrito por los eruditos de Alejandría? O sea, que durante casi cinco siglos se transmitieron por vía oral, porque otros aedos, transidos por la veneración a su Maestro, se encargaron de memorizarlos y divulgarlos, cantándolos por plazas y mercados, por palacios y villorrios. Y, cuando esos aedos morían, otros tomaban el relevo y así, cosa maravillosa, llegaron sus versos a todos los confines del Mediterráneo, fecundando las almas de las personas sensibles e inquietas.
   Por cierto, Juande me contaba esta tarde, al amor de unas cervezas, que según una tradición espúrea Homero murió por vergüenza de no ser ya tan sabio, al no poder solucionar un acertijo que le plantearon en una aldea remota. ¡Él, que había inventado memorizado y cantado los dos poemas épicos por excelencia, se dejó morir por temor a estar volviéndose un ignorante con la vejez! Por cierto, el acertijo que le plantearon era "¿Cuál es el único animal que tiene las patas en la cabeza?". Ahí os lo dejo.
   Parece un argumento de una película de Indiana Jones, que tanto os divierten, pero no lo es: en el siglo XIX un joven comerciante alemán, de nombre Heinrich Schliemann, impulsado por su fe ciega en que lo que contaba Homero no podía ser una ficción, una leyenda y usando "La Odisea" como guía descubrió la ciudad de Troya, en Turquía, y que ésta había sido destruida por pueblos aqueos en torno al 1150 a. C., tal y como fabulaba el de Quíos. Y no sólo eso, también sacó a la luz la ciudad de Micenas y la que él consideró la tumba de Agamenón, rey de reyes.
   Grecia, madre amantísima, nos dio el estudio de la Historia tal y como hoy la conocemos, pues de ella mamaron Heródoto y Tucídides, padres de la historiografía. En Atenas, una simple capital de una insignificante península, la del Ática, se alumbró, como homenaje sagrado al dios Dioniso, el teatro. ¡El teatro! ¡Lo que se mira! Ni más ni menos: sin él, sin el teatro no existirían ni el cine, ni la televisión. Aún hoy gente de la más diversa condición, pero con alma en las venas, se emociona con las historias pergeñadas por Esquilo, Sófocles y Eurípides y se parte de risa con los disparates escritos por Aristófanes ¡2500 años atrás! Esperad a que vuestra alma esté en sazón, a que vuestras emociones se hallen maduras y leed "Edipo Rey", "Antígona", "Medea", "Lisístrata"... Entonces comprenderéis por qué ellos son / somos Grecia.
   Pensad en ello y otro día seguimos hablando de para qué sirve el latín, el griego. Morfeo me llama y mi musa está ya muy viejita, harta de tanto olvido y desprecio y necesita descansar.
   Sueños de oro, Aris, Edu y tú,  mi entrañable Talía.

lunes, 13 de junio de 2011

LO QUE TIENE SABER LATÍN... Y GRIEGO

   En mi pueblo serrano, acariciado por el padre Thader aún rebosante de vida, no teníamos. Así que los maromos necesitados de entonces debían desplazarse unos 36 kilómetros para ir a la "casa putas" más cercana. Se llamaba VENUS. Fue la primera vez que, a principios de los 80, entré en contacto con el mundo clásico, si escuchaba, siempre sottovoce y cuasi clandestinamente, tal nombre, al señalar a algún vecino como "presunto" usuario del Venus. Por eso, cuando nuestro Magister Raimundo nos hablaba en sus clases de Latín de las andanzas de la casquivana olímpica, todos esbozábamos una sonrisa de compromiso y seguro que más de uno, cuando comentaba en su casa lo aprendido en el aula, recibía de su atribulada madre frases como "Ya decía yo que con las barbas que lleva tan desgreñás y las gafas de empollón que monta el segismundo ese, ése no se comía una rosca. Así que, ¿ánde iba a ir? Al Venus. Esto en tiempos de Franco no pasaba: uno que sabe latín, que ha estado, incluso, en el Seminario yéndose de fulanas al Venus. Nene, tú, pa ciencias, que mira cómo acaban los de letras". Desde entonces he conocido, no en el sentido bíblico y que cada cual piense lo que quiera, otros tantos "puticlubs", en diferentes sitios de la geografía española, llamados del mismo modo. Aunque he de decir que también conozco y tengo fotografiados otros negocios, como centros de estética y peluquerías, llamados igual que la hija de los cataplines de Urano.

   Ahora que recuerdo, en mi aldea serrana, a donde me desplazaron con 3 meses y en la que pasé mis primeros nueve años, cobijado por la imponente Peña Rubia, en cuya cima había, y espero que siga habiendo, un poblamiento ibérico-romano. En esta aldea, digo, vivía una pobre criatura, retornada de la Costa Blanca a donde había emigrado, como otros tantos cientos, en busca de trabajo, a la que las biliosas lenguas tachaban de ligera de cascos y algo abierta de piernas y motejaban como "La Loba". Fueron muchos los años que transcurrieron hasta saber que a las rameras romanas de más baja estofa las llamaban lupae, o sea, "lobas" y que en el mito de la Lupa Capitolina y sus gemelos Rómulo y Remo  había, tal vez, zorra escondida. Por eso, quién sabe si como homenaje a aquella desgraciada, a la que hacían el vacío, incluso en misas y entierros, pues nadie se sentaba en su banco, puse de nombre LVPA a una dicharachera meretriz de mi togata "Caligae Magnificus", una farsa ambientada en el teatro plautino.
   Ahora llevo ya más de 20 años compartiendo con mis alumnos y algún que otro compañero y despistado la pasión por el mundo clásico e intento hacerles ver que, lejos de estar muertos, aún estamos muy vivos y coleando en muchos más aspectos de su vida cotidiana de los que imaginan. Así, entre otras actividades, les encomiendo que cámara en mano recorran las calles y supermercados de su ciudad y capten toda presencia del griego o del latín en su entorno: en la publicidad, en las ciencias naturales, en la química, en la música, etc. Tanto en Galicia, como en Huelva y la Región de Murcia mis alumnos me han hecho trabajos estupendos, creativos, documentados e ingeniosos, en los que eran cientos los ejemplos de productos que llevaban palabras como ultra, plus, bio en su etiquetado; decenas de marcas de vino llevan un nombre latino o griego para darle más solera al producto; nuevos coches salen al mercado con nombre clásico; etc. Por ello, desde hace meses, con mi hospes comesque de glauco mirar, nos dedicamos a fotografiar todo cartel que tenga reminiscencias grecolatinas. Y llevamos ya un buen capazo, como dirían en estos lares.
   Hace cosa de unos pocos meses que nos sorprendió un gran cartelón, negro con letras y figuras en blanco, situado en una valla junto a la autopista de entrada a la ciudad, anunciando un prostíbulo de nombre "NEREÍDAS". Ipsofacto me vinieron a la mente recuerdos de mi mojigata adolescencia y pensamientos un poco derrotistas de "a dónde hemos llegado los clásicos, que sólo se acuerdan de nosotros para ponerles nombres a las casas de perdición". Pero, la verdad es que pronto se me pasaron tan grises pensamientos, siendo sustituidos por aquellos de que hablen de nosotros aunque sea mal. Y, ¡qué lémures!, no está tan mal el nombre: Nereidas... Si hasta suena bien y le da cierto glamour al local. Pongo a mi patrona Atenea por testigo de que llevado sólo por mi curiosidad filológica y mitológica tenía pensado acudir allá para comprobar sólo si la fermosura de las doncellas coincidía con las de las hijas de Nereo, pero como que no coló...
   Mas la cosa no quedó ahí: al poco tiempo apareció otro cartelón semejante, por lo que deduzco que perteneciente a una empresa regentada por los mismos lenones, pero anunciando ahora "APOLOS, hombres como siempre soñaste". Parece ser que se anuncia una prostitución de tipo masculina para hombres, creo. Uf, yo me pregunto que, si según la mitología a Apolo sólo se le conocen dos aventuras con varones, con Jacinto y con Cipariso, y más de una decena con el sexo femenino, llamar así a este tipo de locales... Esperemos que no llegue al Parnaso tal rumor, pues sabiendo cómo se las gasta el de Leto...
   La inventiva de los mismos lenones, estudiantes otrora de alguna de nuestras materias, sin duda, no quedó ahí: el último de sus negocios, anunciado a diario a gran tamaño en los dos diarios locales junto a los otros, se llama "AFRODITAS, las travestis de tus fantasías..."  Paso por aceptar el nombre Afroditas como buen ejemplo de pervivencia de grecolatino en nuestro entorno, pero por lo que no paso es por lo de unir dicho nombre a eso de "las travestis de tus fantasías..." ¡Y, encima, con puntos suspensivos!


   Porque seamos serios, carissimi collegae: imaginemos lo que le podría pasar a un esforzado, probo y afanado conmilitón nuestro que acudiera a nuestra ciudad a uno de los interesantes y apasionantes congresos organizados por nuestros próceres universitarios. Pongamos, por caso, que el susodicho compañero ha asistido a tres fascinantes disertaciones sobre los aoristos sigmáticos en Teofrasto, la métrica en los fragmentos de las comedias de Frínico y los arcaísmos salustianos. Hechido por tanta sapiencia, tras una frugal cena, en la que aguó como es lícito el vino puro con gaseosa, y declamando en su alma los yambos de Arquíloco, hojea la prensa local y encuentra el susodicho anuncio. Como nos pasa a los despistados, no lee la letra pequeña y, tal vez impulsado por los versos de Catulo que acaba de traducir sólo para sí en la clandestinidad de su cuarto, mientras su mamma sesteaba, sobre todo empujado por aquel destinado a la dulce Ipsitilla, la de los nueve seguidos, decide darse un merecido homenaje y dónde mejor que en un lugar con reminiscencias greco-romanas.
   Poco imaginativo hay que ser para adivinar que el entuerto acaba con nuestro íntegro compañero en comisaría y que allá se podría producir este diálogo.

- Muy buenas noches, señor representante de la ley y el orden en nuestra comunidad.
- A las buenas noches, usted dirá.
-Pues mire, según reza Terencio, "Homo sum, humani nihil a me alienum puto"...
- Oiga, no le consiento insultos, está hablando con un representante de la ley.
- ¡Cañizares, no seas cenutrio, no ves que es guiri!- media el subinspector de guardia- Sorry, sir, but we don´t speak English.
- Verá, oficial, pues resulta que vi en la prensa local un lupanar llamado Afrodita, que como vuecencia sabrá nació de la emasculación de Urano, vulgo...
- Pardón, ma je ne parle pás francaise... A ver, Cañizares, avisa a Gutiérrez, que estudió para cura y seguro que sabe idiomas, proque yo no comprendo al gachó éste.
- Es verdad, subinspector: Gutiérrez sabe latín, que se dejó la sotana en cuanto vio un buen par de mamellas.


   Entra el tal Gutiérrez, mirada huraña y cara arratonada y cala enseguida a nuestro colega, pues por algo sabe latín.


- Ave María Purísima.
-Sine labe concepta.
- ¿De qué te acusas, fili? 
- De nada, pater, de un pecadillo sin importancia. Cosas del sexto, ya sabe.
- Peccata minuta, fili, caro est fragilis.
- Pues sí, pero no es eso, verá: mire este anuncio, el de Afroditas. Usted, paternidad, si va a un lugar como éste...
- Tu quoque, fili.
- No se me ofenda usted, que yo no soy de esos que van por ahí difamando a la santa Madre: sólo escucho la COPE y me informo a través de Intereconomía. Es un suponer, un caso empírico, sólo. Prosigo: si uno acude a un sitio llamado Afroditas, lo que espera es encontrar a una meretriz, en algo semejante a la uránida, como ésta.
- ¿Me equivoco, pater?
- No, hijo, no, es lo que yo esperaría, prosigue.
- Mejor, soy más claro y conciso y prosigo con un ejemplo práctico. Disculpe, pero no puedo esconder mi vena didáctica. A ver, Vanessa, ¿puedes acercarte a la mesa?
- ¡Guau, vaya delanteras! ¡Hay que ver cómo se las gasta el chichipán éste! ¡Con la cara de pasmao que lleva!
- Este sabe latín: vaya hembra.
-Señores agentes, un poco de respeto a la dama. A ver, Vanessa, puedes enseñarle a estos señores por qué te llamaban antes Manolito.
- ¡Virgen del amor Hermoso!
-Esto en tiempos de Aznar no pasaba.
-La culpa de Zapatero, como siempre.
- Rehostias, ni el Nacho ése.
- A éste le han dado garañón por zorra.
- ¡Ahí quería llegar yo! Quiero denunciar al lenón de este lupanar, pues a su local no debía llamarlo Afrodita, como todo buen amante de las clásicas puede corroborar, sino, en todo caso, Hermafrodita, que como su nombre indica es hijo de...




   Bien, corramos un estúpido velo y dejemos a nuestro colega con sus asuntos. Esto es lo que nos puede pasar por saber latín... y griego.
   Un poco más de seriedad, señores alcahuetes, publicistas y jornalistas en general.
   Aunque, no sé, con esto de la crisis y con los recortes que nos ha aplicado el ínclito Zapatero y el tijeretazo del inefable Valcárcel, me estoy yo pensando el montar un negocio de ésos. Estoy pensando un nombre con reminiscencias también clásicas, atractivo y sugerente: DIONI-OSOS.